El cáncer de cérvix es el segundo cáncer más frecuente en las mujeres mayores de 45 años, siendo los 48 años la edad media del diagnóstico. Al año se detectan alrededor de 2.000 nuevos casos en España y se estima que provoca el fallecimiento de, aproximadamente, 700 mujeres.

A esta enfermedad también se la conoce como cáncer cervical o cáncer de cuello uterino, porque, como su nombre indica, se ubica en el cérvix, que es la parte más baja del útero, que comunica con la vagina.

Con el fin de disminuir el número de casos, desde la Organización Mundial de la Salud marcan 3 claves:

  1. Vacuna del Virus del Papiloma Humano o VPH, que es el principal factor de riesgo de este cáncer
  2. Detección temprana
  3. Tratamiento en las fases tempranas

De todo ello hablamos con el doctor Agustí Barnadas Molins, especialista en el Instituto Oncológico del Centro Médico TeknonEste enlace se abrirá en una ventana nueva, quien nos proporciona más información sobre el cáncer de cérvix.

¿Cuándo sospechar que padecemos cáncer de cérvix?

Lamentablemente, al tratarse de una enfermedad característica de la edad fértil, los síntomas del cáncer de cérvix pueden asemejarse a los de la menstruación, lo que complica su identificación. Incluso, en las primeras fases, es posible que estos no se produzcan. Por eso es tan importante que las mujeres acudan a chequeos periódicos cada 3 años, que facilitan la detección temprana de esta enfermedad.

Al principio, la señal de aviso puede ser un sangrado que no corresponde con la menstruación, o que se produce tras las relaciones sexuales o las exploraciones ginecológicas. Asimismo, puede aparecer un flujo inusual y con mal olor, aunque esto también puede ser a causa de otras afecciones.

Por otra parte, en fases avanzadas, los síntomas del cáncer cervical pueden ser:

  • Dolor en las relaciones sexuales
    Cáncer de cérvix: prevención, detección y tratamiento
  • Dolor en la zona de la pelvis y de la espalda
  • Sangrado, pese a que ya ha pasado la menopausia
  • Sangre en la orina o en las heces
  • Bajada de peso
  • Pérdida del apetito
  • Molestias al orinar
  • Sensación de estrechamiento
  • Inflamación de una pierna, o de las dos, debido a la retención de líquidos, lo que llamamos edema

El VPH y su relación con el cáncer de cérvix

El virus del papiloma humano o VPH forma parte de las infecciones de transmisión sexual frecuentes y su presencia supone un importante riesgo de que se produzca el cáncer de cérvix y vulva. De hecho, se estima que es el causante de más del 99% de los casos.

Afortunadamente, la mayoría de las infecciones por el papiloma humano se eliminan de manera natural en los dos siguientes años. Sin embargo, algunas permanecen para siempre, de manera crónica, y pueden provocar las lesiones precancerosas que, a su vez, pueden llegar a ser un cáncer invasivo.

Cabe añadir que el VPH no produce síntomas, por lo que gran parte de las personas infectadas desconocen que lo poseen.

Otros factores de riesgo

  • No utilizar el preservativo durante la práctica sexual.
  • Comenzar a mantener relaciones sexuales antes de los 15 años.
  • Tener varias parejas con las que se practica sexo.
  • Tener una pareja que ha mantenido relaciones con muchas personas.
  • Mujeres inmunodeprimidas.
  • Haber presentado previamente enfermedades de transmisión sexual.
  • Fumar.
  • No acudir a las revisiones recomendadas.
  • Tener antecedentes de displasia vulvar o vaginal, que es un tipo de lesión.

Las 5 medidas preventivas contra este tumor

  1. Administrar la vacuna del VPH en la adolescencia, antes de las primeras relaciones sexuales.
  2. Evitar el sexo antes de los 15 años.
  3. Utilizar el preservativo.
  4. No mantener relaciones sexuales con muchas personas, y evitar tener una pareja sexual que haya mantenido sexo con múltiples personas.
  5. Cada 3 años, acudir a las revisiones y además realizar la citología o prueba del papiloma humano.

Pruebas para detectar el cáncer de cuello de útero

Es vital acudir a las revisiones periódicas durante las cuales podemos solicitar las pruebas que ayudan a detectar este cáncer, como, por ejemplo:

  • La citología, o prueba de Papanicolau, en la que recogemos una muestra de células del cuello uterino para su posterior análisis.
  • El test del VPH.

Si en estas pruebas detectamos algo fuera de lo normal, realizamos otras que nos permiten confirmar o descartar el diagnóstico, como:

  • Colposcopia, que consiste en examinar el cérvix, utilizando un microscopio que nos ayuda a localizar los cambios celulares.
  • Biopsia, en la que recogemos el tejido del cuello del útero para, después, proceder a su análisis en el laboratorio con ayuda de un microscopio.

Una vez diagnosticado el cáncer, ¿qué estudios se realizan?

Si se trata de una lesión invasiva, procedemos a identificar su extensión y su gravedad a través del TAC abdominal, del PET o de la RNM pélvica, que son las pruebas diagnósticas de imagen que nos permiten conocer su alcance y la fase o el estadio en que se encuentra.

Cáncer cervical, ¿dónde se ubica?

En concreto, los estadios del cáncer de cérvix son:

  • Fase I. Detectado en el cuello uterino.
  • Fase II. Expandido en la zona superior de la vagina.
  • Fase III. Extendido en la zona inferior de la vagina y también en la pared interna de la pelvis.
  • Fase IV. Alcanza la vejiga y el recto, o se extiende en forma de metástasis en los pulmones, el hígado o los huesos, entre otros.

¿Cómo se aborda el cáncer de cuello uterino?

Según la fase, los tratamientos para el cáncer cervical son:

  • Conización, que es un tratamiento local para tumores no invasivos que se localizan solamente en el cuello uterino, lo que se llama carcinoma in situ o intraepitelial.
  • Traquelectomía, en la que extirpamos únicamente el cuello de matriz. Esta intervención se realiza en tumores de tamaño reducido, incluso cuando son invasivos.
  • Histerectomía, en la que procedemos a extirpar toda la matriz en casos algo más avanzados. En estos casos, además, se hace necesario estudiar las cadenas de ganglios de drenaje.
  • Quimioterapia combinada con radioterapia, para carcinomas avanzados.
  • Quimioterapia combinada con inmunoterapia. Cuando la paciente presenta metástasis, es fundamental la quimioterapia. Pero, además, existen estudios en los que se ha observado la función de la inmunoterapia, en ocasiones combinada con la quimioterapia, para prevenir el avance de la enfermedad.

Líneas de investigación en este cáncer femenino

Hoy en día se continúa investigando en:

  • Conocer la biología de la enfermedad, sus alteraciones moleculares y genéticas, para así lograr tratamientos individualizados.
  • Buscar biomarcadores relacionados con el pronóstico de la enfermedad.
  • Avanzar en los procedimientos quirúrgicos para que sean lo menos dañinos posibles.
  • Desarrollar nuevos medicamentos.
  • Promover la educación sanitaria para mejorar el seguimiento y la detección temprana.

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