El aumento de los casos de cáncer es una realidad de la que debemos ser conscientes, pero también es necesario comprender a qué se debe este incremento, ya que no todo son datos negativos.

Por una parte, el hecho de que cada vez vivamos más hace que también tengamos más tiempo para desarrollar enfermedades, y en concreto de este tipo. Y por otro, la detección cada vez más precoz de tumores pequeños en fases incipientes, y por tanto más curables, hace que el número estadístico crezca. A esto se suman, claro está, los factores de riesgo externos como el estilo de vida sedentario, la obesidad o el consumo de alcohol o tabaco. Y es precisamente en este punto en el que podemos poner de nuestra parte para evitar la exposición a un mayor riesgo de aparición de determinados tumores.

Para hacernos una idea de hasta qué punto la manera en que nos cuidamos puede afectar a la probabilidad de sufrir cáncer, el doctor José Antonio Ortega Domínguez, jefe del servicio de Oncología de los hospitales Quirónsalud Málaga y Marbella, afirma que "4 de cada 10 cánceres se pueden evitar modificando nuestro estilo de vida y evitando factores de riesgo como el tabaco y el alcohol. En concreto, el tabaco es la causa prevenible más importante en el desarrollo del cáncer: aproximadamente un 60% de los casos podrían estar relacionados con el tabaco, que está implicado en 15 tipos de cáncer de diferente localización. De hecho, el de pulmón, si todos dejásemos de fumar, sería anecdótico. Además, el tabaco y el alcohol actúan como factores de riesgo no sólo sumatorios, sino multiplicadores".

En cuanto a adoptar estilos de vida saludables, más allá de evitar estos consumos, está demostrado que una alimentación equilibrada y la práctica de ejercicio físico sirven como factores de protección. En este sentido, realizar ejercicio no solo previene el riesgo de padecer cáncer, sino que además ayuda a tolerar los efectos de la quimioterapia, mejora el estado general del paciente, la calidad de vida y la fatiga asociada a la enfermedad y el tratamiento.

Finalmente, cabe destacar el papel del enfoque psicológico de la paciente ante la enfermedad, ya que todo apunta a que las personas que se saben adaptar a la nueva situación consiguen una mejor calidad de vida, ligada una buena salud mental, y mejoran el afrontamiento de los efectos secundarios y la adherencia al tratamiento farmacológico. En definitiva, la resiliencia se convierte en un aliado, entendiendo esta como la capacidad de adaptarse a las adversidades, recuperarse y adoptar una conducta positiva.

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