La familia necesita participar de lo que le ocurre a cualquier miembro, y eso incluye cuando uno de los padres enferma. A menudo la tentación es evitar las conversaciones sobre el tema, casi siempre con la intención de "proteger" a los niños. Pero lo cierto es que esto es contraproducente. Los niños necesitan saber qué está pasando y es imprescindible que reciban la información a través de los padres, o de lo contrario imaginarán respuestas o intentarán averiguarlo por su cuenta.

Cómo hablar del cáncer a los niños

El doctor Juan Antonio Virizuela Echaburu, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Quirónsalud Sagrado CorazónEste enlace se abrirá en una ventana nueva, nos explica cómo comunicar a los hijos que uno de los padres sufre cáncer. "Es importante ofrecerles información básica que incluya, al menos, el nombre del cáncer y la parte del cuerpo donde se encuentra, el tratamiento que se va a seguir y los cambios que pueden producirse en la vida familiar como consecuencia de la enfermedad y los tratamientos".

El especialista resalta la importancia de permitir que los hijos expongan libremente sus sentimientos y comenten sus dudas. Además, conviene estar preparados para cualquier expresión afectiva como tristeza, rabia o miedo. Por supuesto, y pese a intentar responder todas sus preguntas, también es interesante hacerles comprender que no se tienen respuestas a todas las preguntas, especialmente las referidas al futuro, pero se debe procurar transmitir confianza para que sepan que siempre van a poder compartir sus sentimientos en familia.

Cómo hablar del cáncer a los hijos dependiendo de la edad

Según de la edad de los niños, el especialista ofrece diferentes consejos para abordar el tema.

Entre dos y seis años (antes no lo entienden)

No perciben el nivel de gravedad, por lo que la información debe ser sencilla y, sobre todo, no les debe quedar ninguna duda de que lo que ocurre no es culpa suya. A esas edades el mundo gira en torno a ellos.

Entre siete y doce años

El niño tiene mayor conocimiento sobre el cuerpo, por lo que la información puede ser más detallada. Es importante observar su comportamiento porque muchas veces pueden manifestar sus sensaciones con actitudes como la pérdida de apetito, insomnio o bajo rendimiento escolar.

A partir de los doce años

El niño ya puede comprender la enfermedad y los tratamientos, aunque tampoco es necesario entrar en todos los detalles. Es frecuente que les resulte difícil demostrar sus sentimientos y se muestren reacios al diálogo con los padres por lo que, en estos casos, se puede recurrir a un especialista en tema.

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