Con la bajada de temperaturas siempre se produce un aumento de casos clínicos con síntomas catarrosos y gripales, y demás afecciones tan típicas de la época. De forma casi habitual, estamos habituados a que los facultativos nos pauten la administración de antibióticos, pero eso no quiere decir que siempre sea la solución.

Es muy importante que comprendamos que todos los medicamentos deben ser recetados por nuestro médico de atención primaria o el especialista, y no comenzar a medicarnos por nuestra cuenta.

Uso de antibióticos siempre con receta

Si esto es importante con todos los fármacos en general, en el caso de los antibióticos hay que tener en cuenta además que, si bien es cierto que son necesarios y beneficiosos para curar ciertas infecciones bacterianas, también tienen una serie de efectos secundarios negativos para nuestra salud.

El doctor Manuel Ramón Baca Cots, jefe de Pediatría de los hospitales Quirónsalud de Torrevieja y Murcia, nos explica que "tomar antibióticos trae consigo reacciones adversas para nuestro organismo, ya que producen alteraciones en la flora intestinal y pueden llegar a modificar el funcionamiento del sistema inmunitario, el endocrino y el metabolismo de forma transitoria y, en algunos casos, a largo plazo".

¿Cómo funcionan los antibióticos?

Antibióticos a revisiónAntibióticos a revisión

Para entender bien cómo actúan los antibióticos, primero es necesario tomar conciencia de que dentro de nuestro organismo tenemos multitud de bacterias que están ahí desde que nacemos y que nos son imprescindibles. Cumplen funciones tan vitales como:

  • protegernos de otras bacterias perjudiciales que sí nos causarían enfermedades.
  • adiestrar y entrenar a nuestro sistema inmunológico, manteniéndolo alerta, ayudando a mantener un pH correcto.
  • realizar con éxito procesos digestivos y metabólicos.

Pues bien, los antibióticos que tomamos no atacan exclusivamente a las bacterias que nos están perjudicando, sino que también afectan a estas colonias de bacterias "buenas", alterando su comportamiento y, por tanto, perjudicándonos.

Resistencia a los antibióticos, una consecuencia de su mal uso

El doctor Sergio Negre Policarpo, especialista en gastroenteorología pediátrica de Valencia, nos explica que, con el uso de antibióticos, las bacterias ambientales pueden ir poco a poco generando resistencias, por lo que cuando en un futuro administremos estos fármacos por necesidad, es probable que hayan perdido su eficacia.

El doctor Rafael Espino Aguilar, jefe del servicio de Pediatría del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa, por su parte, añade que "la resistencia que genera el empleo inadecuado de antibióticos no solo implica pérdida de eficacia, sino que en ocasiones conlleva ausencia de tratamiento alternativo contra determinados gérmenes. Además, no olvidemos que no todas las infecciones son sensibles al empleo de antibióticos, y esto es especialmente relevante en pediatría, donde la mayoría de las infecciones son de origen vírico".

¿Y si el niño tiene fiebre?

Es normal que los padres piensen que es necesario incluir antibióticos para tratar los síntomas de la fiebre en el niño, pero nuestra doctora María Pilar Camacho Conde, especialista en Pediatría del Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón, hace hincapié en que "la mayoría de las veces, los cuadros febriles que presentan los niños, acompañados frecuentemente de síntomas respiratorios, mocos y tos, o digestivos, vómitos y diarrea, son producidos por virus, frente a los cuales los antibióticos no tienen ninguna utilidad".

Los niños se infectan con estos virus en guarderías y escuelas, donde las condiciones de contagio son muy favorables. Por eso, nuestra pediatra nos aclara que "las defensas de un niño sano y bien vacunado serán suficientes para superar la infección". Únicamente se requerirán los cuidados habituales, como mantenerse hidratado y administrar antitérmicos, en caso necesario.

Cabe añadir que es importante observar cómo evoluciona el pequeño, ya que si la fiebre dura 48-72 horas o si afecta a su estado de salud general, entonces es recomendable acudir a consulta para que el pediatra indique el tratamiento adecuado y recomiende o no el uso de antibióticos.

Por tanto, y a modo de resumen, cabe insistir en que es imprescindible tomar antibióticos solo cuando lo prescriba el médico y siguiendo minuciosamente sus instrucciones de dosis y duración del tratamiento.

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