Este trastorno de la piel cada vez afecta a mayor porcentaje de la población en los países desarrollados. Aunque su inicio es más frecuente en la infancia, puede persistir en la edad adulta o incluso comenzar entonces. Lo más importante para tratarla es saber detectarla a tiempo. Pero, ¿sabrías reconocer sus síntomas?

Se caracteriza por la combinación de tres síntomas fundamentales: piel seca (xerosis), picor (prurito) y lesiones eczematosas (inflamación de la piel con enrojecimiento y descamación). Normalmente aparecen brotes, que empeoran con agentes irritantes externos como la lana, el uso de detergentes, el estrés, el frío o el sudor.

Aunque su causa sigue sin estar totalmente determinada, sí se ha constatado que intervienen factores genéticos. Por tanto, las personas con antecedentes familiares de dermatitis atópica, rinitis alérgica, conjuntivitis alérgica o asma, tienen más propensión a padecerla.

dermatitis atópica

¿Cómo varía en función de la edad?

Los niños menores de 2 años suelen sufrir lesiones en la cara, especialmente en las mejillas. Hasta la pubertad, es más frecuente su aparición en los pliegues corporales como detrás de las rodillas o delante de los codos. Por otro lado, los niños generalmente presentan brotes agudos, con enrojecimiento, hinchazón, exudación y formación de ampollas. En los adultos, sin embargo, predominan las lesiones "secas", eczemas con descamación, engrosamiento de la piel y formación de grietas o fisuras, y su localización es más variable, aunque es típica la afectación en los párpados.

¿Puede tener complicaciones?

La más frecuente es la infección, generalmente por bacterias como el Staphylococcus aureus. Esta generamente se produce por la entrada de microorganismos en la piel debido a la pérdida de su función normal de barrera y al rascado mantenido por el picor.

¿Tiene tratamiento?

No existe una curación definitiva, pero se pueden evitar y mejorar los brotes. Lo mejor, como en toda enfermedad, es una buena prevención. Y es que las personas que sufren este trastorno necesitan unos cuidados específicos de la piel.

La Dra. Loreto Carrasco Santos, dermatóloga del Hospital Universitario Fundación Jiménez DíazEste enlace se abrirá en una ventana nueva, aconseja seguir este

decálogo de recomendaciones:

- Realizar duchas cortas (máximo 10 minutos) una vez al día con agua tibia, evitando baños largos o con agua caliente.

- Utilizar jabones suaves, neutros, con alto contenido en aceite y sin perfumes.

- Evitar la fricción excesiva o el uso de esponjas ásperas.

- Hidratar la piel a diario mediante la aplicación de cremas hidratantes, preferentemente tras la limpieza de la piel, con la piel húmeda.

- Cortar bien las uñas y mantenerlas limpias para evitar infecciones por el rascado.

- Usar preferiblemente ropa de algodón o de fibras naturales, evitando materiales sintéticos o de lana.

- Evitar cubrir excesivamente la piel, ya que el sudor puede empeorar los síntomas.

- Evitar el uso de detergentes, suavizantes y otros productos irritantes. Se puede lavar la ropa a máquina pero aclarándola bien con un centrifugado extra.

- Se recomienda utilizar guantes para realizar las tareas domésticas.

- En los bebés, cambiar los pañales cuando estén húmedos.

- No hay ningún alimento contraindicado en la mayoría de los casos. No obstante, si se nota empeoramiento tras comer algún alimento, se debe consultar con el Dermatólogo.

- Evitar el exceso de calor y los cambios bruscos de temperatura. La temperatura ideal está alrededor de los 20ºC.

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