Si para muchos adultos comprender y afrontar la muerte resulta complicado, para los niños se trata de un tema directamente imposible de asumir: en parte por falta de madurez, en parte por la lejanía que habitualmente tienen con ella y, en general, por la propia complejidad de afrontar el final de la vida en sí misma. Por todas estas razones, hablar con nuestros hijos sobre ello puede resultar incómodo y complicado, pero, tarde o temprano, debemos hacerlo. La fiesta de Halloween puede ser un buen momento para abordar el tema y tratar de ayudar a nuestros pequeños a enfrentarse y superar algunos de sus miedos.

Los miedos en la infancia

Es normal que lo niños sientan miedo o inseguridad ante determinados temas o situaciones como la oscuridad, los monstruos, los extraños o la muerte. Que experimenten esta emoción es comprensible y de hecho es un mecanismo natural que resulta positivo para prevenirles de posibles riesgos. Algunos de estos miedos son comunes en la mayoría de los niños y están asociados a las fases de desarrollo evolutivo de los pequeños, por lo que los superan con el tiempo a medida que crecen. Pero sea cual sea el origen de la emoción, es importante que, como padres, les expliquemos que tener miedo es normal y que les ayudemos a afrontar sus temores.

Halloween y el miedo a la muerte en la infanciaHalloween y el miedo a la muerte en la infanciaLa muerte y su relación con la fiesta de Halloween

Ildefonso Muñoz Herrera, Psicólogo del Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar piensa que acercar el tema de la muerte a través de una fiesta como la de Halloween puede ser positivo, ya que "a través de las distintas actividades, pasajes del terror o bromas, conseguimos canalizar las emociones de terror y miedo, lo cual es positivo porque, desde un ambiente controlado, somos capaces de expresar una emoción primaria y atávica".

Es posible que los niños que tengan un miedo mayor a la muerte, la oscuridad o los monstruos no quieran celebrar esta fiesta. En esos casos el experto aconseja "dosificar el tema mucho más y, sobre todo, utilizar la ridiculización del monstruo con sentido del humor". Además, tratar el tema desde un ambiente festivo, en compañía de familiares y amigos, y restando importancia a los miedos nos puede servir para reducir su malestar y transmitirles seguridad para enfrentarse a ellos.

¿Cómo explicar la muerte a nuestros hijos?

Según Muñoz, siempre y cuando no se trate de un fallecimiento traumático, hay que tratar de desdramatizar la muerte y conceptualizarla como un proceso natural en la vida: "a los niños hay que hablarles con naturalidad sobre la muerte, con un lenguaje acorde a su edad y capacidad de comprensión, y hacerles ver las cosas positivas de vivir y de poder aprovechar los buenos momentos que la vida nos ofrece".

El experto nos explica que, aunque resulta algo complejo tanto para adultos como para niños "el primer paso para aprender a gestionar un miedo es ser consciente de él, saber que existe una emoción que se llama "miedo" y que, una vez identificada, tenemos que hacerla consciente, sentirla y percibirla. Esto es un ejercicio bastante interesante tanto para los niños como para los adultos".

Recomendaciones para hablar sobre el tema

  • Proporcionar a los niños seguridad en las explicaciones y en nuestra forma de actuar, para ayudarles a seguir con sus rutinas y tratar de mantener su equilibrio mental.
  • Dejar que hablen, pregunten y expresen sus sentimientos. Es importante que escuchemos con atención lo que nos quieran decir y que estemos atentos a lo que puedan expresar con su comportamiento: rabietas, enfados, aislamiento, etc.
  • Hacerles ver que entendemos sus sentimientos, que les apoyamos y compartimos su dolor, y que no tienen que avergonzase de lo que sienten ni tener miedo.
  • Contestar sus preguntas sin mentir, adaptando las explicaciones a su edad y a las características personales de cada niño. Mentirles no es aconsejable, ya que puede desconcertarles o hacer que creen un significado erróneo del hecho.
  • Hablar de forma clara y concisa sobre el tema, utilizando un lenguaje que los niños puedan comprender.
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