Si bien es cierto que no se trata de una patología extendida, ya que pueden afectar a una o dos personas de cada mil, también lo es que pueden llegar a ser letales. Esto es así en gran medida debido a que suelen ser asintomáticos, por lo que es difícil detectarlos mediante consulta por sospecha del paciente, y suelen ser detectados en otras pruebas rutinarias. Por tanto, cuando por fin presentan síntomas como el dolor abdominal o lumbar inespecífico, suelen tener difícil solución. El doctor Andrés Eduardo Salazar Álvarez, del Servicio de Cirugía vascular del Hospital Quirónsalud San José, nos explica que "de hecho, hasta hace poco lo habitual era que se diagnosticaran una vez rotos, por lo que hasta un 9% de los pacientes fallecían".

Diagnóstico de los aneurismas viscerales

Hoy en día, las pruebas de imagen no invasivas permiten detectarlos antes de que se compliquen irremediablemente. En palabras del especialista, "la tomografía computarizada (TC) es la mejor prueba diagnóstica para estas patologías, frente a la ecografía que es menos sensible. Por otro lado, arteriografía permite valorar la colateralidad, cosa que es particularmente útil en aquellos casos en los que sea necesario ligar u ocluir la arteria".

Uno de los puntos clave a la hora del diagnóstico es realizar una buena anamnesis, que revelará los antecedentes que justifiquen la aparición de pseudoaneurismas como los procedimientos biliares o endovasculares, enfermedades que condicionen el debilitamiento de la pared arterial o condiciones que favorezcan el desarrollo de aneurismas, como hipertensión portal, embarazo, etc.

Cuáles es necesario tratar

aneurisma visceralaneurisma visceral

El cirujano nos explica que hay que distinguir los aneurismas viscerales ante los que hay que actuar:

  • Todos los pseudoaneurismas, que son los secundarios a procedimientos quirúrgicos o biliares, pancreatitis, etc.
  • Todos los que presenten síntomas o estén rotos
  • Los que crecen más de 0,5 cm al año

Tratamientos para los aneurismas viscerales

Se clasifican fundamentalmente en técnicas abiertas o endovasculares, siempre entendiendo que el objetivo último es la exclusión del aneurisma conservando, si es posible, la irrigación discal. Las primeras son las más utilizadas en casos de rotura, por su menor mortalidad y morbilidad, aunque es cierto que la tendencia es optar por la segunda opción cada vez con más frecuencia. "En el paciente de alto riesgo quirúrgico, y particularmente en condiciones de estabilidad y hemodinámica, este abordaje parece tener cada vez mayor validez", concluye el especialista.

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